El regalo que tus hijos todavía van a guardar cuando sean grandes

El regalo que tus hijos todavía van a guardar cuando sean grandes

Hay cosas de nuestros hijos que creemos que nunca vamos a olvidar.

La forma en que pronunciaban una palabra cuando eran pequeños.
Su primer dibujo de la familia.
La obsesión que tuvieron durante meses con un personaje.
La cara que ponían para las fotos.
La letra con la que escribieron su nombre por primera vez.

Y, sin embargo, crecen.

Mucho más rápido de lo que imaginamos.

Mientras tanto, acumulamos miles de fotografías en el teléfono, guardamos algún dibujo en un cajón y pensamos que algún día ordenaremos todo.

Pero hay recuerdos que merecen algo más que quedarse perdidos entre 8.000 fotos.

Hay regalos que entretienen. Y hay recuerdos que permanecen.

Cuando pensamos en regalarle algo a un niño solemos preguntarnos:

¿Qué le gusta ahora?

Y tiene sentido.

Un juguete, su personaje favorito, algo que lleva semanas pidiendo.

Pero existe otra pregunta mucho más interesante:

¿Qué le gustaría encontrarse dentro de 15 años?

Probablemente no recuerde todos los juguetes que recibió.

Pero imagina que un día encuentra algo con aquel dibujo que hizo cuando tenía cinco años.

Una fotografía abrazando a su abuelo.

Una imagen con la mascota con la que creció.

Una frase que decía cuando todavía pronunciaba mal algunas palabras.

O una foto de toda la familia en una etapa de sus vidas que ya pasó.

Entonces el regalo adquiere otro valor.

Porque ya no representa solamente lo que recibió ese día.

Representa quién era en ese momento de su vida.

1. Su primer dibujo importante

Los dibujos infantiles tienen algo maravilloso: no intentan ser perfectos.

Una cabeza enorme, cuatro líneas como piernas y, debajo:

“Mi familia”.

Para un adulto puede parecer simplemente un dibujo.

Para sus padres representa una época completa.

En lugar de guardarlo en una carpeta hasta que el papel termine deteriorándose, puedes fotografiarlo o escanearlo y convertirlo en una personalización.

Y años después seguirá siendo su dibujo, con sus líneas, sus colores y sus imperfecciones.

2. Una fotografía con sus abuelos

Hay fotografías cuyo verdadero valor aparece con el tiempo.

Una tarde cualquiera con la abuela.

Una celebración con el abuelo.

Los tres sentados juntos sin ninguna ocasión especial.

Quizás hoy sea simplemente una foto bonita.

Dentro de veinte años puede ser una de las imágenes más importantes que tenga.

Por eso no siempre necesitas buscar la fotografía perfecta.

A veces necesitas encontrar la que guarda una relación que vale la pena recordar.

3. La mascota con la que creció

Para muchos niños, una mascota es uno de sus primeros grandes vínculos.

Crecen juntos.

Juegan juntos.

Duermen juntos.

Y probablemente tengan cientos de fotografías juntos.

Elegir algunas de ellas y convertirlas en un recuerdo físico permite conservar una parte muy especial de esa infancia.

No hace falta esperar a que esa mascota ya no esté para reconocer lo importante que fue.

4. Cómo escribía su nombre

Hay algo muy distinto entre escribir:

Mateo

con una tipografía bonita...

y conservar el “Mateo” escrito por Mateo cuando estaba aprendiendo a escribir.

La segunda versión contiene algo que ningún diseño profesional puede reproducir.

Su letra.

Su edad.

Su momento.

Fotografía o escanea ese pequeño papel.

Algún día probablemente le parecerá increíble haber escrito así.

5. Esa frase que repetía todo el tiempo

Todas las familias tienen alguna.

Una palabra mal pronunciada.

Una explicación absurda.

Una expresión inventada.

Una frase que hizo reír a todos durante meses.

En el momento parece algo cotidiano.

Después desaparece.

Hasta que alguien vuelve a decirla años más tarde y todos recuerdan inmediatamente aquella etapa.

Esas pequeñas frases también son recuerdos.

6. Una fotografía de toda la familia

Tenemos muchísimas fotografías de nuestros hijos.

Pero sorprendentemente pocas donde realmente aparezcan todos.

Siempre hay alguien tomando la foto.

Por eso una buena fotografía familiar puede adquirir muchísimo valor con los años.

No porque todos hayan salido perfectos.

Sino porque captura algo que inevitablemente cambia:

cómo era vuestra familia en ese momento.

7. Un collage de un año de su vida

No tienes que elegir un único momento.

Puedes seleccionar varias fotografías:

su cumpleaños,
unas vacaciones,
su mascota,
los abuelos,
un día cualquiera en casa,
su primer día de colegio.

Juntas cuentan algo que una sola fotografía difícilmente puede mostrar.

Cómo era tener esa edad.

No necesitas esperar a una ocasión especial

Este tipo de regalo puede funcionar para un cumpleaños, Navidad, una graduación o cualquier celebración.

Pero tampoco necesita una fecha marcada en el calendario.

Porque algunas cosas merece la pena conservarlas simplemente porque están ocurriendo ahora.

Nuestros hijos cambian mientras nosotros estamos ocupados viviendo con ellos.

La ropa deja de servirles.

Cambian sus gustos.

Dejan de decir aquella palabra.

Aprenden a escribir mejor.

La mascota envejece.

Los abuelos también.

Y esa fotografía que hoy parece completamente cotidiana empieza a adquirir otro significado.

Antes de comprar el próximo regalo, guarda algo de este momento

No tienes que convertir toda su infancia en objetos.

Elige una cosa.

Un dibujo.

Una fotografía.

Una frase.

Una fecha.

Una pequeña historia.

Algo que hoy represente quién es.

Y conviértelo en algo que pueda tocar, usar o guardar.

Porque quizás el verdadero regalo no sea lo que reciba ahora.

Quizás sea poder encontrarlo muchos años después y recordar una parte de su infancia que ya había olvidado.

Convierte uno de sus recuerdos en algo que pueda conservar

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