Cómo elegir un regalo que realmente emocione: no empieces por el producto

Cómo elegir un regalo que realmente emocione: no empieces por el producto

Encontrar un regalo bonito no suele ser el problema.

Hay cientos.

El problema aparece cuando quieres regalar algo que provoque esa reacción que todos buscamos: que la persona lo abra, se quede mirándolo unos segundos y entienda inmediatamente que no elegiste cualquier cosa.

Y para conseguirlo hay un error que conviene evitar:

empezar pensando qué comprar.

“Taza, polera, botella, cuadro…”

Cuando haces eso, estás buscando un objeto.

Cuando se trata de alguien importante, existe una pregunta mucho mejor:

¿Qué quiero hacerle sentir?

Porque probablemente esa sea la diferencia entre un regalo que termina guardado y uno que alguien decide conservar.

Antes de elegir el regalo, piensa en la persona

Imagina que quieres sorprender a tu mamá.

Puedes buscar “regalos para mamá” y encontrarte con cientos de productos.

Pero también puedes pensar:

Quiero recordarle aquel viaje que hicimos juntas.

De repente ya tienes algo mucho más valioso que una categoría de productos: tienes una historia.

Puede ser una fotografía de aquel viaje, una fecha, el nombre del lugar o una frase que ambas recuerdan.

Ahora sí tiene sentido decidir dónde convertir ese recuerdo.

Ese pequeño cambio sirve prácticamente para cualquier persona.

1. Si quieres despertar un recuerdo, utiliza una fotografía

Hay fotografías que valen muchísimo más por lo que ocurrió alrededor de ellas que por lo bonitas que son.

La última foto con un abuelo.

El día que nació un hijo.

Un viaje con amigos.

La primera fotografía juntos.

Una mascota que lleva años acompañándote.

Una celebración familiar.

Cuando encuentres una fotografía así, pregúntate:

¿Qué recuerda esa persona cuando la mira?

Si inmediatamente aparece una historia, probablemente encontraste una buena candidata.

Y no necesitas limitarte a imprimirla tal cual. Puedes convertirla en un collage, integrarla en una ilustración o acompañarla de una fecha o unas pocas palabras.

2. Si quieres celebrar vuestra relación, utiliza algo que solo ustedes entiendan

Algunos de los mejores regalos pueden parecer completamente normales para cualquier otra persona.

Una palabra.

Un apodo.

Una fecha.

Una frase absurda.

Las coordenadas de un lugar.

Una canción.

Incluso un chiste.

Para quien no conoce la historia puede no significar nada.

Para la persona correcta puede significarlo todo.

Y precisamente ahí aparece una de las grandes ventajas de personalizar un regalo: no tiene por qué gustarle a todo el mundo.

Tiene que tener sentido para quien lo va a recibir.

3. Si quieres demostrar cuánto la conoces, piensa en los detalles

Supongamos que vas a regalarle algo a tu papá.

Podrías simplemente poner:

“Feliz día, papá”.

Funciona.

Pero probablemente puedas llegar mucho más lejos.

¿Cómo le dicen sus hijos?

¿Qué frase repite siempre?

¿Qué actividad disfruta?

¿Qué momento familiar recuerda especialmente?

¿Qué fotografía jamás pondría él mismo en una taza, pero le provocaría una sonrisa al verla?

Personalizar no consiste solamente en poner un nombre sobre un producto.

Consiste en conseguir que alguien pueda mirarlo y pensar:

“Esto es demasiado yo.”

4. Si quieres contar una historia, no tienes que elegir una sola fotografía

A veces una imagen no alcanza.

Un collage puede mostrar cómo crecieron los hijos.

Los primeros años de una relación.

Distintos viajes.

La historia de una mascota desde que llegó a casa.

Cuatro generaciones de una familia.

Incluso pequeños momentos aparentemente insignificantes.

En esos casos, el valor está precisamente en verlos juntos.

Ya no estás regalando una fotografía.

Estás resumiendo una historia.

5. Si quieres recordar a alguien que ya no está, celebra lo que vivieron

Un regalo personalizado también puede tener un significado mucho más profundo.

A veces queremos conservar cerca el recuerdo de una persona que falleció.

Y no necesariamente queremos algo triste o funerario.

Puede ser esa fotografía en la que estaba riéndose.

Una frase que decía siempre.

Una imagen familiar.

Un momento cotidiano.

Algo que permita recordar cómo era estar con esa persona, no solamente que ya no está.

Ese enfoque puede transformar una fotografía en un objeto profundamente significativo para una familia.

6. Si no tienes una buena fotografía, todavía tienes muchas posibilidades

Este punto es importante.

Un regalo personalizado no necesita llevar una foto.

Puedes utilizar:

  • una ilustración;
  • un dibujo hecho por un niño;
  • iniciales;
  • nombres;
  • una fecha;
  • una frase;
  • una composición tipográfica;
  • un diseño inspirado en los gustos de la persona.

Incluso puedes partir simplemente contándonos la historia y buscar desde ahí una idea.

Entonces, ¿cómo sabes si encontraste una buena idea?

Haz una prueba sencilla.

Antes de comprar, completa esta frase:

“Elegí esto porque…”

Si la respuesta es:

“porque estaba bonito”,

probablemente todavía puedas hacerlo mejor.

Pero si dices:

“porque esta fue la foto del último viaje que hicimos los cuatro antes de que mi hermano se fuera a vivir fuera”,

ya tienes algo completamente diferente.

No necesitas agregar veinte elementos.

La historia ya hizo el trabajo.

El producto viene después

Ahora sí.

Cuando sabes qué quieres decir con el regalo, puedes elegir cómo materializarlo.

Una roca fotográfica puede funcionar para un recuerdo que quieres tener a la vista.

Una taza puede convertir una frase o fotografía en algo cotidiano.

Una botella puede acompañar todos los días a esa persona.

Una polera permite jugar mucho más con ilustraciones y diseños.

Un rompecabezas puede transformar una fotografía en una experiencia.

Lo importante es que el producto acompañe la historia y no al revés.

Un regalo personalizado debería decir algo antes de que tú tengas que explicarlo

Quizás esa sea una buena forma de saber si acertaste.

Cuando la persona lo abre, reconoce inmediatamente la fotografía.

La fecha.

La frase.

El lugar.

El dibujo.

Y entiende por qué lo elegiste.

Porque al final, lo que hace especial a un regalo no es cuánto le agregaste.

Es cuánto reconoce la otra persona de sí misma, de ustedes o de su historia cuando lo recibe.

¿Tienes una historia pero todavía no sabes qué regalar?

Cuéntanos la persona, el momento o la idea que tienes en mente. En Nifedo podemos ayudarte a convertirla en un regalo personalizado.

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